Las viudas

Disponible en cualquier color, siempre que sea negro

La diferencia entre mirar y ver es la que hace avanzar el mundo. Tomen como ejemplo el Palo de Campeche. Este curioso arbolito, originario de Yucatán, podría haber pasado a la historia como ornamento para el jardín o por servir de forraje para las caballerías pero maravilló al conquistador Marcos de Ayala, que encontró en sus propiedades tintóreas un tesoro: nada menos que la fórmula para obtener un negro profundo y duradero, el elegante y regio color base de la moda “vestir a la Española” que se popularizó entre gente principal a lo largo de los siglos XVI y XVII, y, de paso, con su comercio contribuir a llenar las arcas de nuestro señor Felipe II cuando en sus dominios no se ponía el sol. Para que luego se diga que la moda es frivolidad y que carece de interés estratégico en la economía nacional.

Cierto es que, para los tiempos posteriores, el vestidito negro será eterno gracias a Coco Chanel, porque, con su audacia, se atrevió, a principios de siglo, a lo que ningún otro diseñador que se respetase hubiera propuesto: elevar a la categoría de elegancia intemporal el color de las viudas y de los sirvientes. Pero es de justicia decir que nosotros fuimos primero.

Vestir de negro requiere mucha actitud. No es un color fácil ni sufrido, quien conviva con animalitos sabrá de lo que hablo. Y aún sin tener compañeros peludos rondando nuestro armario, el negro es un color traicionero que, amparándose en su fama de adelgazante, goza de excesiva popularidad y delata más que en un interrogatorio policial. Es muy difícil ignorar la mala calidad o el mal gusto en una prenda negra. Nada envejece peor que el negro y si algo en la percha parece más antiguo que los polvos de Azol, ni les cuento puesto sobre los hombros.

Poco vestido negro vemos en la película LAS VIUDAS de 1966, que, en realidad, no se trata de un solo hilo argumental sino de tres historias, obras de diferentes directores:

LUNA DE MIEL, que bien podría subtitularse la viuda negra insaciable. La exótica Irán Eroy encarna a esta mantis religiosa, capaz de acabar con un chicarrón en tres asaltos, tal es su furor uterino. Su vestuario es bastante reducido: saltos de cama y déshabillés. Se supone que la censura de los 60 permitió prendas tan sugerentes por el carácter moralizante de la cinta: “los excesos no son buenos”.

Eso sí, la maravillosa Irán está tan guapa de novia de negro como de blanco.

EL ANIVERSARIO o como enterarte al mismo tiempo de que eres viuda y cornuda.

Una digna y entregada esposa, cree vivir en un idilio perfecto con su marido, que la colma de atenciones y requiebros, cuando la realidad es que tiene una aventura con una chiquilla a la que dobla la edad. Nada nuevo bajo el sol. Hay una escena impagable con la moza en cuestión, donde el adúltero rememora a su santa esposa y pone cara de “pero, ¿qué…………….-rellenen con la palabra que más les apetezca- hago yo aquí con esta loca?”. Esa misma noche muere y la pájara sale volando, que sorpresa. La moraleja es que como la vida, la mayoría de las veces, no da oportunidad de enmendar errores, más vale arreglar cuanto antes lo que no nos convence, porque para luego, ya ven ustedes, suele ser tarde.

Entre los agasajos, que no falte un buen abrigo de visón, deseo aspiracional de toda mujer bien vestida de la época.

Y finalmente EL RETRATO DE REGINO o el muerto al hoyo y el vivo (o en este caso, la viuda) al bollo. Aquí tenemos a la elegante Gabriella Pallota, la desconsolada esposa que, tras vivir en la inopia económica y marital impuesta por el mezquino de su marido, el karma le pone en bandeja la venganza: una nueva vida con riqueza y amor, así cualquiera enviuda.

Del estilismo general de la película se encarga Cornejo (como no…) Modas Paquita (que ya apareció en Las chicas de la Cruz Roja) Rigat (de la que no existen referencias) y Vargas Ochagavía, una pareja de diseñadores de alta Costura, en activo entre 1947 y 1987, a los que seguramente, debemos el minipase de modelos que escenifica el paso de la viuda de doliente a alegre, sin que tengamos nada que objetar.

¿Qué hay más sensual que una buena espalda?

Aunque Carolina Grimaldi fue una viuda reseñable, con sus tres pequeñuelos en la Provenza, mi viuda favorita siempre fue Jackie Kennedy Onassis porque si escogemos al azar cualquier tendencia, por novedosa que nos parezca, ella ya la llevó antes.

Jackie o como influir sin necesidad de redes sociales

Janet Norton Lee, madre de las hermanas Bouvier Jacqueline y Lee– siempre las aleccionó: “Marry money!” (que traducido al cristiano viene a ser “haz una buen boda y déjate en paz del contigo pan y cebolla”), sin duda después de sufrir en sus carnes el haberse casado con el padre de las muchachas, un hombre encantador pero sin un duro, y contraer segundas nupcias con uno menos simpático pero heredero de la Standard Oil. La lección aprendida por la abuela de John-John y Carolina Kennedy, aunque cínica, no admite debate. Con dinero todo es mejor, hasta Aristóteles Onassis era una bellezón.

La reina del Negro nunca enviudó, si nos atenemos a la definición de viuda como mujer cuyo marido muere, aunque duelos la vida le regaló unos cuantos. ¿Fue el negro la manera de reflejar ese desgarro interior?

Sobre Coco se ha escrito mucho, pero, en realidad, poco se sabe. Solo que el negro fue su color. Porque era fuerte, porque era elegante. Porque quien vive brillando no necesita más luz.

¡Feliz semana!

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