Historias de Philadelphia ( 1940 )

Que conste que yo era muy feliz.

Vivía en una relativa  ignorancia cosmética pensando que mi arsenal potinguero era abundante, completo, versátil y eficaz.

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Pero, miren por dónde, señoras, desde que me he sumergido en el universo de canales de Youtube ( muy entretenidos y bien documentados, tengo que decir ) dedicados a chapa y pintura facial y corporal, mis necesidades han subido… ¿ Como he podido vivir sin el iluminador tono champagne ? ¿Habrá alguien que se aplique directamente la base de maquillaje sin una prebase ? ¿ Hay vida más allá de la paleta Norvina de Anastasia ? Hay mists, boosters, primers, strobing stikskits de contouring,…

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Tanta información resulta agotadora. Siempre hay algo novedoso que incorporar a nuestra vida, todo está en la red, pero, por otra parte, una de las mayores fortunas gestada en los últimos tiempos en estas mismas redes sociales, pertenece a una nipona que dice lo mismo, lo mismito, que le digo yo a mis hijos doce veces al día ( ¡ Recoged y ordenad , fuera lo que no os pongáis !) y que, desde su púlpito, predica que se puede alcanzar la felicidad y la paz interior mediante una vida sencilla, adquiriendo pocas cosas y conservando solo lo que nos hace feliz. ¿ En qué quedamos ?

Porque toda la historia de la humanidad es una sucesión de contradicciones, si miramos a nuestro alrededor, el mundo está lleno de contrastes: luces y sombras, curvas y ángulos, aspereza y suavidad, conceptos contrarios que enriquecen cualquier manifestación de la vida. Así que esto va de eso, de contradicciones.

Pocas cosas más masculinamente femeninas que los pantalones Palazzo, que, en un principio, se conocieron con el bonito nombre de Formentor, en honor al hotel balear del mismo nombre, donde sus distinguidas huéspedes los lucían por consejo de Jean Patou, que los diseñó pensando en una mujer fuerte y decidida, elegante y comopolita. Porque en los años 30 hacía falta ser una fémina valiente para llevar pantalones…

No sirve cualquier pantalón más o menos ancho para ser considerado Palazzo; a saber, cintura alta, ajustado superiormente y amplio a partir de la cadera, ¿ Que tenemos por aquí ? Un pantalón blanco y otro azul marino

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El pantalón es de Amichi, el top amarillo de Javier Simorra y las sandalias de Lomas ( Guadalajara )

 

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Las gafas son de Óptica Alcántara ( Sigüenza )

Con verde esmeralda…

Con rosa

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El top plisado es de HM 
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El collar es una creación mía.

Vamos con blanco y negro, por aquello de la contradicción…

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Collar de Adolfo Domínguez , bolso de Loewe, zapatos de Lotusse, gafas de Óptica Alcántara y reloj de Lotus. Y un pañuelo para recoger el pelo.

Con blanco y rosa palo

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Blusa de Only, collar de Follie Follie y bolso de Mascaró.

Con blusa azul marino

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La blusa es de HM, las sandalias de Nuria Cobo

El collar, que tiene las cuentas hechas con papel de periódico chino, y el bolso son de mercadillo.

Si pensamos en una pionera en el uso de pantalones, por delante incluso de la visionaria Coco, la actriz Katherine Hepburn viene a la mente con fuerza, porque es la fuerza lo que define a esta mujer, hija de una sufragista, con una belleza demasiado personal para lo que se estilaba en aquella época en Hollywood. Magnética y poderosa, dicen que cuando un periodista le preguntó, burlón, si tenía alguna falda en su armario, le replicó: ” Si, la que llevaré en tu funeral “. Su encanto permanecerá intacto a través del tiempo.

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Yo soy yo y mis circunstancias”, dejó dicho don José Ortega y Gasset.

Pero si siempre cambiamos de opinión dependiendo de las circunstancias seremos relativistas morales y si no cambiamos nunca, como el árbol que se rompe antes de doblarse, estaremos cerca del integrismo. A mí, si me pilla un día torcido, me lío con los consejos de Marie Kondo y no lo hago ni con tres contenedores a la puerta de casa, y al día siguiente miro mis pertenencias y me derrito de amor por ellas. Porque las quiero, las necesito y me hacen feliz

Soy luz y sombra, como todas. Porque como muy bien decía la impagable Maggie Smith por boca de su personaje Lady Violet de Downtown Abbey:” Soy mujer, querido, tengo derecho a ser contradictoria.

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¡ Feliz semana !

 

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